Estos son 30 títulos de libros imprescindibles en la literatura LGBT+ mexicana. / Foto: Especial

En México existen escritoras y escritores llenos de talento. Estos son 30 libros imprescindibles de la literatura LGBT+ mexicana.

En la historia de la literatura mexicana han existido autores y autoras que han creado verdaderas joyas. Luis Martín Ulloa es doctor en Letras por la Universidad de Guadalajara. Para obtener ese título, Luis realizó la tesis La homosexualidad en la narrativa mexicana, siglos XX y XXI. En junio de este año, durante todo el Mes del Orgullo, el doctor compartió una lista con 30 libros imprescindibles de la literatura LGBT+ mexicana.

Estos títulos formaron parte del trabajo de investigación de Luis Martín Ulloa. En exclusiva para Homosensual, Luis comentó que lleva realizando esta labor desde hace 20 años, pues ha sido un tema que ha tocado desde que cursó la licenciatura.

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El doctor Martín Ulloa señaló que estas obras pertenecen al periodo de lo que él llama «la explosión de la literatura LGBT+ en México». Asimismo, estos libros abordan los temas lésbico-gay desde un punto de vista libre de tabúes. Sin embargo, Luis recalca que la cuestión del VIH y el sida continúa siendo poco tocada en la literatura mexicana.

Luis, experto en literatura, se vio motivado a compartir su conocimiento en sus cuentas de Twitter y Facebook. ¿La razón? Porque en el Mes del Orgullo LGBT+ observó que muchas personas realizaban listados de diversos contenidos como música y películas. A continuación te compartimos la lista de 30 libros imprescindibles de la literatura LGBT+ mexicana, escrita y realizada por el doctor en Letras, Luis Martín Ulloa:

Después de todo, José Ceballos de Maldonado, (Diógenes, 1969)

Esta es una de las obras más importantes de la narrativa gay en México. Fue escrita una década antes de que iniciara la lucha por la reivindicación de los derechos de la población LGBT+. Después de todo es una novela visionaria con un compromiso ético indudable, y con uno de los personajes homosexuales más fuertes y sólidos de la literatura mexicana.

Después de todo es uno de los primeros libros de temática LGBT+ en México. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Doña Herlinda y su hijo (y otros hijos), Jorge López Páez, (Fondo de Cultura Económica, 1993)

La narrativa de López Páez se distingue por una sencillez total, alejada de malabarismos formales y lingüísticos. El autor aborda la homosexualidad masculina con una apabullante naturalidad, sin apologías ni sentimientos de culpa.

En esta recopilación destacan dos cuentos: «Doña Herlinda y su hijo», un texto de importancia capital acerca de la doble vida que llevan muchos hombres gays. Y «Herlinda primero o primero Herlinda», que aborda la historia del hijo en la niñez y adolescencia.

Esta obra de Jorge López Páez la debes leer por lo menos una vez en tu vida. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Amora, Rosamaría Roffiel, (Planeta, 1989)

Esta es la primera novela abiertamente lésbica publicada en México. El texto alterna pasajes narrativos con fragmentos líricos y ensayísticos con una abierta intención «didáctica». La autora presenta un personaje de orientación política de izquierda, enamorada de una mujer heterosexual, y la paulatina visión que esta va teniendo del mundo lésbico.

Como afirma María Elena Olivera, es una de las primeras obras que daban a las mujeres lesbianas su derecho a hablar, a ser narradoras de sus propias historias, y a la práctica erótico-sexual a partir de su propio deseo.

Amora es el primer libro de temática lésbica publicado en México. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Paso del macho, Juan Carlos Bautista, (Quimera, 2011)

En esta breve e intensa novela, barroca y desaforada fábula tropical, un despistado marinero llamado Ulises desembarca en el pueblo Paso del Macho. Entonces él pone de cabeza al numeroso contingente de «locas» que allí habitan y entran en una no siempre leal competencia, para lograr quedarse con ese portento de hombre que al parecer ha desatado —metafórica y literalmente— un huracán de pasiones.

La portada de este libro deja mucho a la imaginación. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

La hermana secreta de Angelica María, Luis Zapata, (Cal y arena, 1989)

Esta historia es la más novelesca de las obras de Zapata que lleva de sorpresa en sorpresa. Son tres personajes aparentemente disímbolos y lejanos uno de otro, pero que guardan una entrañable relación. Una exuberante vedette que reina en los cabarets de Tijuana. Un adolescente de provincia atormentado por el bullying, fanático del cine mexicano. Y una incipiente y jovencísima cantante que recorre el país con otros artistas de la Caravana Estrella.

Zapata se aleja aquí un poco de los personajes gays para explorar otras identidades, mucho antes de que comenzara cabalmente el reconocimiento de estas.

Luis Zapata es un importante autor de la literatura LGBT+ mexicana. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Crema de vainilla, Artemisa Téllez, (Voces en tinta, 2014)

En esta novela hay una intención clara de subvertir la imagen de la buena lesbiana, de derrumbar clichés y estereotipos, de abordar las historias enfatizando las corporeidades de sus protagonistas, quienes ejercen su goce de manera irrestricta. Irene, becaria veinteañera de universidad privada, y Lala, la chica rica y guapa de su grupo, comienzan una fuerte relación amistosa que incluye también intensos encuentros sexuales.

Irene revive esa pasión obsesiva años después. Y explora los insospechados caminos del sadomasoquismo, en compañía de Adriana, la actual amante de Lala.

Una historia lésbica que no te puedes perder. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

El vino de los bravos, Luis González de Alba, (Katún, 1981)

Esta es la obra con la cual su autor abordará por primera vez las pasiones homoeróticas. Colección de nueve relatos a manera de postales sobre la vida gay en diferentes regiones del mundo: Guadalajara, Ciudad de México, Santiago de Chile, Venecia, Barcelona y Sao Paulo.

Aquí están presentes ya algunos aspectos de la obra de González de Alba. Una apología de la homosexualidad masculina como un paraíso de hombres hiperviriles y la idea del sexo inmediato y anónimo como una forma de castidad.

El texto de González de Alba es digno de leer por cualquier persona / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

La estatua de sal, Salvador Novo, (Conaculta, 1998)

Este es el primer testimonio autobiográfico escrito por un autor mexicano homosexual. Novo lo dejó inconcluso en 1945 y su publicación fue póstuma cinco décadas después. Abarca solo hasta sus primeros veinte años de vida, pues era parte de un plan más extenso. En el libro relata sucesos del periodo 1914-1924 aproximadamente, sobre todo su iniciación en la adolescencia, los primeros juegos eróticos y después la revelación plena del placer sexual y su ingreso al guetto homosexual.

Novo anotaba acerca de la naturaleza del texto:

«Confesarse en público, ante un vasto horizonte de lectores conocidos y desconocidos, es asumir entre otros el riesgo de la absoluta desnudez anímica».

Esta edición incluye algunos sonetos satíricos.

Salvador Novo es uno de los autores más renombrados de México. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Espejo de tres cuerpos, Odette Alonso, (Quimera, 2009)

Ángeles es una profesora divorciada con una hija adolescente. Ella descubre con una colega más joven otros caminos de su sexualidad que antes no había explorado. Esta revelación también es el inicio de otra etapa acaso más jubilosa para la profesora. Pero aún habrá otras rutas a transitar en el convivio cotidiano de estas tres mujeres.

Alonso acomete aquí una historia y personajes que rozan el melodrama, pero sabe eludir los lugares comunes con una visión desprejuiciada y la comprensión plena de su naturaleza humana.

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La obra de Alonso es perfecta para disfrutar junto a un té y una frazada. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Melodrama, Luis Zapata, (Quimera, 2008)

Esta es una novela-película que es un espléndido homenaje al cine. Una suspicaz madre descubre a su hijo al teléfono hablando de sí mismo en femenino, lo cual le provoca una gran inquietud. Así inicia esta divertida parodia donde Marga (la madre), Arturo (el padre), Alex (el hijo), Axel (el detective que contrata la madre para investigar al hijo) y Estela (la esposa del detective) recrean puntualmente las pasiones desbocadas, los personajes arquetípicos, los efectos escenográficos, etc., del género cinematográfico que es un componente esencial de la cultura mexicana. Es la primera (si no es que la única) novela gay con final feliz.

Este libro no te sacará las lágrimas. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Gozoología, Arturo Arredondo, (Joaquín Mortiz, 1991)

Este texto es un volumen de cuentos que traza una insospechada analogía entre las relaciones homoeróticas y las conductas de varias especies de animales, palomas, toros, avestruces, águilas. Cuando la explosión de la narrativa gay comenzaba a menguar en los tempranos noventa, esta obra le dio un giro inesperado, aunque el autor no volvió a abordar el mismo asunto.

Sobresalen dos textos: uno sobre el inquietante encuentro sexual entre un hombre y un ser bestial, de apariencia caprina, que lo posee concienzudamente. Y otro que presenta a la primera personaja transgénero de la narrativa mexicana.

La narrativa de este libro suena bastante intrigante. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

El diario de José Toledo, Miguel Barbachano Ponce, (Era, 1964)

La obra de Barbachano es la primera novela mexicana que habló directamente de homosexualidad, muchos años antes de que empezara la lucha reivindicativa. Aunque fue una primicia ciertamente siniestra, pues todos los hombres gays que aparecen tienen final trágico.

El autor afirmó haber encontrado el diario en un autobús, lo cual haría a esta novela el testimonio de un hombre gay inmerso en la condena apabullante de su época.

Esta obra trata un testimonio real. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Crónica sero, Joaquín Hurtado, (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2003)

La historia es uno de los más importantes testimonios sobre el sida en Hispanoamérica. Crónica sero comprende una recopilación de narraciones aparecidas en el suplemento Letra S. Estas fueron escritas a partir de la experiencia propia del autor y otras personas que padecieron la incomprensión acerca del virus en los tempranos años ochenta.

El autor se expone a la vista de los lectores, ahonda en sus vivencias y contradicciones, en las obsesiones alrededor de la enfermedad. Esto con el propósito de combatir la apatía, el silenciamiento y la violencia soterrada.

Crónica sero es de los pocos textos que tocan el VIH. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Dos mujeres, Sara Levi Calderón, (Diana, 1990/ Egales, 2014)

Valeria es una mujer judía de clase alta, divorciada y con dos hijos, estudiante de Sociología. Tras ser descubierta con una compañera de escuela su esposo se ofrecerse a «curarla». Este hecho rompe definitivamente con los lazos parentales entre ambos. La protagonista conoce a Genovesa, una mujer 15 años más joven, con quien emprende una relación que viven libres en un viaje alrededor del mundo, autoexiliadas tras ser repudiadas y desheredadas por sus familias.

Dos mujeres es la ópera prima de su autora. El libro fue publicado con seudónimo para evitar represalias en una cultura restrictiva para las mujeres. La historia fue la segunda novela lésbica mexicana después de Amora, se publicó en una editorial de gran distribución y alcanzó ventas significativas.

Este drama con dos mujeres lesbianas como protagonistas te mantendrá al borde del asiento. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Utopía gay, José Rafael Calva, (Oasis, 1984)

Una pareja conformada por dos hombres cisgénero están esperando su primer hijo, porque uno de ellos realmente está desarrollando un ser humano en su vientre. El autor trasladó en clave de farsa las aspiraciones de una pareja hetero a otra homosexual, que experimenta todas las peripecias y planes alrededor del nacimiento del primogénito. La novela se estructura a partir de los largos monólogos de Carlos y Adrián, los padres.

Calva fue el autor que aportó las representaciones más extremas del hombre homosexual en el movimiento narrativo que propició Luis Zapata a partir de 1979.

Utopía gay aborda la thematic LGBT+ desde un punto de vista diferente. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Toda esa gran verdad, Eduardo Montagner, (Alfaguara, 2006)

Toda esa gran verdad es una novela afianzada en una inquietud constante de la narrativa gay, la revelación de la sexualidad y sus ritos de iniciación. Parte de este punto pero a la vez se abre a otras perspectivas. Para el protagonista Carlo, quien se siente atraído por su amigo Paolo, asumir su homosexualidad no le significa culpa o remordimiento alguno.

Montagner presenta un personaje a quien acaso ya no le atañen de igual manera las incertidumbres de quienes lucharon por el reconocimiento de una identidad. Su desazón se dirige a las implicaciones que tendrá el fetichismo en el que se solaza (inédito en la narrativa gay).

La forma de abordar la homosexualidad de Montagner sale de lo típico. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Travesti, Carlos Reyes Ávila, (F.E.T.A., 2009)

En esta novela el autor decidió hacer una investigación para escribir una novela sobre el mundo de «las vestidas» —así las llama—, en la ciudad de Torreón, y termina involucrándose con una de ellas. Su incursión en bares y sitios de reunión para proveerse de material termina siendo una historia de amor.

Es un giro poco explorado: un hombre que se asume como hetero que se apasiona por otro hombre travestido, sin considerar que corra algún riesgo su identidad sexual.

El travestismo forma parte central de este libro. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Las púberes canéforas, José Joaquín Blanco, (Océano, 1983)

El libro es una crónica de la homosexualidad urbana de las avenidas vacías de la madrugada, de los barrios oscuros del ligue furtivo, donde sobreviven aquellos que sufren una doble discriminación: por ser «jotitos» y pobres. Las púberes canéforas presenta una imagen desoladora de la situación del homosexual en una sociedad machista y ajusticiadora.

La historia está estructurada alrededor de la relación ambigua de un burócrata y escritor frustrado con un joven trabajador sexual. Es una novela que se está escribiendo al tiempo que la conoce el lector, la que imagina uno de los personajes y tendrá el mismo título, «nomás para que tanta loca ignorante preguntara: ‘Las ¿qué?’».

Si te gusta el drama entonces lee Las púberes canéforas. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Rhyme & Reason, Criseida Santos Guevara, (F.E.T.A./Conaculta, 2008)

Claudia regresa a México junto con su pareja Felicia, quien está embarazada, pero es un regreso deprimente y la pareja entra en crisis. Las aspiraciones y preocupaciones de la pareja ahora son las que atañen a cualquier familia: la incertidumbre laboral y social, la economía exigua, etc. La música es un elemento determinante.

Una de ellas se identifica con Jorge Negrete porque quiere ser como él: sexy, borracha y enamorada. Los títulos de los capítulos son líneas de canciones, y el soundtrack está compuesto tanto por Pablo Milanés como Eminem, Marisela, Chico Ché o Survivor.

El hip hop es el género que da cohesión a la historia (desde el título es patente esta influencia). Claudia relata su relación con Felicia y su situación desesperante como si estuviera haciendo una novela/rap.

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La música es pieza clave de este texto. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Los nombres del arco iris, Braulio Peralta, (Nueva imagen, 2006)

Este es un volumen de narraciones sobre la devastación que provocó el sida en nuestro país a partir de los ochenta. A través de varias decenas de testimonios íntimos, desoladores, solidarios, Peralta traza su propio mapa de afectos y orfandades. Y hace un recuento de datos que nos recuerda el duro periplo que se siguió inicialmente y por más de dos décadas en torno a esta situación.

En esta obra se aborta el tema del VIH / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

El jinete azul, José Rafael Calva, (Katún, 1985)

Un médico retirado atrae a muchachos guapos a su casa para llevar a cabo prácticas sadomasoquistas, llegando incluso a la antropofagia. Un epígrafe del Divino Marqués declara desde el inicio el espíritu que animará esta noveleta. De esta manera, Keith Lawless provoca que sus jóvenes amantes gocen dolores exquisitos y al mismo tiempo sufran placeres intensos.

Es una de las novelas gay más violentas de la literatura mexicana.

Que no te asuste la reseña y lee este texto. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Fruta verde, Enrique Serna, (Planeta, 2006)

Hacia la mitad de la década de los setenta, Germán consigue su primer trabajo en una agencia de publicidad, donde conoce a Mauro, un hombre homosexual que de inmediato tiende sus redes de seducción. Así inicia la vida laboral (y poco después sexual) de Germán, tras un titubeo inicial por representarle una ruta que no había sospechado.

Fruta verde es una historia que cautivará a cualquiera / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Funerales de hombres raros, Wenceslao Bruciaga, (Jus, 2011)

Dos funerales, dos historias independientes unidas por la presencia de un mismo narrador, un hombre homosexual con una visión crítica e implacable sobre los atavismos del ambiente gay. En la primera parte, un trío sexual donde el que hace mal tercio es quien fallece. En la segunda, una abuela odiosa y el reencuentro de una vieja relación, acaso la primera.

El autor es una de las muy pocas voces disidentes, necesaria e indispensable para señalar los peligros de la homonorma que cada vez amenaza más con domesticar el carácter inicialmente indómito del ser gay.

No dejes de leer la obra de Wenceslao Bruciaga. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Lo hice por amor, Mildred Pérez de la Torre, (Quimera, 2016)

En esta historia veremos una pasión ciertamente prohibida entre dos mujeres: la directora de una secundaria y una de las alumnas, donde prácticamente los roles se invierten y la seducción va de la menor a la profesora. Insana e incontenible, esta lleva a Martha y Eugenia a descender hasta una dimensión donde se ha borrado todo límite. Un amor obsesivo que arrastra a ambas hacia un final trágico.

Esta novela es un ejemplo de los múltiples caminos por los cuales transita hoy la narrativa lésbica. Lo hice por amor es la obra de la editora de Homosensual, Mildred Pérez de la Torre, que obtuvo el Premio Quimera de Literatura Queer.

La autora de este libro, Mildred Pérez de la Torre es la autora de Homosensual. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Elías Nandino. Una vida no/velada, Enrique Aguilar, (Grijalbo, 1986)

Esta autobiografía fue publicada cuando el poeta, amigo cercano del grupo «Los Contemporáneos», tenía 86 años y un amplio reconocimiento. Pese a que él mismo lo reconocía, su vida sexual era un secreto a voces. Y en su obra fue un asunto que mantuvo casi oculto; apenas en un poemario de 1983 se atrevía a decir »El amor no tiene sexo, tiene amor».

Entonces esta confesión resulta una declaración de principios largamente postergada, pero abierta y sincera. Aunque al parecer Nandino se arrepintió del resultado final e hizo su propia versión.

Esta obra es una mirada íntima a la vida del autor. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

En jirones, Luis Zapata, (Posada, 1985)

Sin duda esta es una de las obras más intensas de Zapata. Una pareja formada por un hombre que asume su deseo homoerótico, y otro que aún vive bajo la presión de las convenciones y aparenta una vida heterosexual. Una historia desgarrada como lo sugiere el título.

Al tratarse de un «diario», el autor se permitió describir con detalle las escenas sexuales, al igual que recurrir a citas de música popular, a la parodia de las reseñas de Sociales, o a la ironía y el autoescarnio, para contar una historia de pasión más que de amor.

Esta es otra de las grandes obras de Luis Zapata. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Los desfiguros de mi corazón, Sergio Fernández, (Nueva imagen, 1983)

Un turista mexicano en calles brasileñas, seducido por el conductor mulato del taxi donde viaja. Un burdel tapatío de hombres para hombres. Un adolescente que fantasea con Buster Keaton y despierta a la madurez y a la certeza de su homoerotismo, gracias a las acusaciones furiosas de su abuela. Esas son algunas de las historias que componen este “anecdotario” de Sergio Fernández.

Al cabo de un amplio prestigio académico y literario, el autor se atrevía a publicar un volumen de textos que, como afirma en las primeras páginas, «no son cuentos, son verdad alterada, pero verdad al fin».

Las historias aquí narradas son sublimes. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Laredo Song, Joaquín Hurtado, (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 1997)

En este volumen de cuentos Hurtado ya retomaba historias y personajes homosexuales, constatando que tienen tantos rostros y personalidades como habitantes en el mundo. Son textos que indagan en los infinitos caminos del deseo, con la gran solvencia que tiene Hurtado para crear historias fincadas en ambientes marginales, así como identificar los rumbos y atajos de un ambiente gozoso y siempre lúbrico.

En Laredo Song, Hurtado establece toda una tipología actual de la variopinta fauna gay: «locas, tortilleras, mayates, chacales, mirones, chichifos en día franco, bugas turísticos, bonitas, vestidas, tapadas, inters, divas, bis, mujeres… pero no biológicas».

Definitivamente tienes que leer Laredo song. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Función de medianoche, José Joaquín Blanco, (Era, 1981)

Blanco incursionó en todos los géneros literarios. Este volumen es ejemplo de su capacidad para la crónica urbana, de su ojo atento, irónico, implacable. Su obra comprende textos publicados entre 1978 y 1980, sobre todo acerca de Ciudad de México.

Sin duda una de sus más importantes obras es Ojos que da pánico soñar, un texto fundacional para la cultura gay mexicana, que abordó en 1979 (al filo de que iniciara el movimiento reivindicativo) la cuestión de asumir con entereza una identidad homosexual en la vida cotidiana.

Función de medianoche es una pieza destacable de la literatura mexicana LGBT+. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

El vampiro de la colonia Roma, Luis Zapata, (Grijalbo, 1979)

Poco hay que agregar acerca de esta obra única. Su autor ocupa un sitio destacado no solamente en la narrativa gay, sino en el contexto general de las letras de nuestro país. Con esta novela Luis Zapata marcó la entrada definitiva de la homosexualidad a la literatura mexicana, reforzando desde las letras el reciente movimiento activista en su época.

Este año se celebra su cuatrigésimo aniversario y más de 200,000 ejemplares vendidos.

Este probablemente sea el libro más famoso de la literatura LGBT+ en México. / Foto: Twitter (@luismartinulloa)

Homosensual agradece al doctor Luis Martín Ulloa por su labor y por permitirnos replicar su listado. ¡Síguelo en Twitter!

¿Ya conocían estas increíbles obras, homosensuales? Los retamos a leerlas todas.