Conoce la vida de Sor Juana Inés de la Cruz y el amor que le tenía a la virreina María Luisa. / Imagen: Cuarto Poder

Aunque para muchos haya sido una relación amorosa tradicional, el amor entre Sor Juana Inés y María Luisa no podía ser correspondido.

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, conocida posteriormente como Sor Juana Inés de la Cruz, es el claro ejemplo del deseo por encontrar un espacio para uno mismo y consagrarse al estudio y a las letras, y no a la tradicional vida de las mujeres del siglo XVII.

Considerada como una niña prodigio y de singular talento, Juana de Asbaje nació entre 1648 y 1651 en San Miguel Nepantla (Estado de México). Gracias a la educación que recibió a escondidas, aprendió a leer y escribir a los tres años.

Su amor por los libros y las letras se da luego de que encontrara la biblioteca de su abuelo en la hacienda de Panoaya, donde leyó los clásicos griegos y romanos.

Juana Inés ingresó a corta edad a la corte de los virreyes. / Imagen: Seprin

Entre la corte y el convento

Gracias a sus conocimientos, Juana Inés ingresó a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo a corta edad. Ahí conoció a la virreina Leonor Carreto, quien se convirtió en su mecenas —persona poderosa que protege a los artistas con el fin de que puedan desarrollar sus obras—.

En la corte se celebraban tertulias —reuniones de personas— a las que acudían teólogos, filósofos, humanistas, matemáticos, entre muchos más, lo que le permitió a la joven desarrollar su intelecto y sus capacidades literarias.

El padre Núñez de Miranda, confesor de los virreyes, le propuso ingresar a una orden religiosa ante su desinterés por casarse.

Juana Inés ingresó al convento de las Carmelita Descalzas en agosto de 1667. Sin embargo, por la rigidez de las normas y con una deteriorada salud, lo abandonó tres meses después de su ingreso.

Finalmente, en febrero de 1669 llegó al convento de San Jerónimo tomando votos como Sor Juana Inés de la Cruz. En este lugar pasó el resto de su vida. Ahí le era permitido continuar con sus estudios, escribir y celebrar tertulias.

La cercana amistad entre la virreina Leonor y “la muy querida de la virreina” —como se le conocía a Sor Juana— continuó hasta 1674, cuando los virreyes fueron relevados de su cargo y Leonor Carreto murió en el trayecto hacia el puerto de Veracruz.

Los nuevos virreyes

Para recibir a los nuevos virreyes, le fue encomendado a Sor Juana la elaboración del arco triunfal, para lo que escribió su Neptuno alegórico. Impresionados por la obra, los nuevos virreyes le ofrecieron su protección, especialmente María Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, quien se volvería muy cercana a la monja.

Varios de los poemas realizados están dirigidos a los virreyes de la Nueva España. Además, escribió varios versos sacros y profanos, autos sacramentales —entre los que destacan El Divino Narciso, El cetro de José y El mártir del sacramento—, así como dos comedias.

La serie de Canal 11 “Juana Inés”, aborda la relación sentimental entre la monja y la virreina. / Foto: Pinterest

Sor Juana Inés y “Lisi”

Según el historiador y poeta Sergio Téllez-Pon, varias investigaciones apuntan a que la relación entre la poetisa y la virreina fue más allá del “incienso palaciego”.

Más de 50 poemas fueron escritos para la virreina María Luisa, a quien Sor Juana nombraba “Lisi”. Un ejemplo de ello es el soneto Yo adoro a Lisi:

Yo adoro a Lisi, pero no pretendo
que Lisi corresponda mi fineza;
pues si juzgo posible su belleza,
a su decoro y mi aprehensión ofendo.

A través de estas palabras, Sor Juana deja claro que ama a la monarca, no importa si es correspondida o no, pero le expresa su sentir y, sobre todo, sabe que este amor no puede trascender, pues Sor Juana debe respetar sus votos de castidad, y la jerarquía de la virreina prohibiría cualquier relación con una plebeya.

Téllez-Pon afirma que la relación entre Sor Juana y María Luisa sería muy similar al término “sapiosexual”, muy empleado actualmente. Explica que el amor entre las mujeres fue puramente intelectual, sin llegar al enamoramiento “carnal”.

Bruno Chávez, encargado de Proyectos Especiales del Museo Memoria y Tolerancia, aclaró en entrevista exclusiva con Homosensual, que la vida conventual no permitía la salida de las monjas al exterior. Sin embargo, la influencia de la virreina le permitía a Sor Juana presentarse en la corte, además de visitar y contar con una biblioteca para que continuara con sus estudios y la escritura de poemas.

Chávez destaca las diferencias entre la poesía que Sor Juana dedicaba a los hombres y la poesía dedicada a María Luisa —pues rechaza el amor que los hombres pueden profesar—, pero acepta el profundo amor que le puede tener a una mujer, en este caso a la virreina.

Ejemplo de ello es el siguiente verso contra los hombres:

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.

Recordemos que el término “lesbiana” no existía en el siglo XVII, por lo que la sociedad no podía sospechar de algún romance entre las mujeres.

Muerte de Sor Juana Inés de la Cruz

Una epidemia se desató en 1695 en la Nueva España, afectando gran parte de la capital del territorio. El convento de San Jerónimo se vio gravemente afectado, pues varias monjas murieron a consecuencia de la enfermedad.

Sor Juana murió el 17 de abril de ese mismo año al contraer tifus, luego de ayudar a varias compañeras del convento con el mismo problema.

Gracias a la virreina, gran parte de la obra de Sor Juana se publicó en España y cobró gran fama a nivel mundial.

El amor entre Sor Juana y María Luisa fue ejemplo de una relación intensa pero casta.

Con información de El País, Cultura Colectiva, El Siglo de Torreón y Vanidades.