Hace 10 años, el ahora director de Yaaj México, Iván Tagle, vivió en movilidad forzada, pues tuvo que huir de su hogar debido a la homofobia. / Foto: Cortesía Iván Tagle

El director de Yaaj México, Iván Tagle, nos cuenta cómo la homofobia en su hogar lo orilló a huir. Así fue como este activista mexicano llegó de la calle al Senado.

En las últimas 24 horas, mis redes sociales se invadieron de publicaciones donde mis amigos compartían dos fotos suyas: una del 2009 y la otra actual en 2019, con el hashtag titulado #10YearsChallenge (algo así como el reto de los 10 años).

Vi transformaciones y cambios increíbles, unos muy graciosos y otros en los que envidiaba la inmunidad que tienen algunos amigos sobre el paso del tiempo para verse exactamente igual de sexis. De inmediato me invadió la curiosidad por saber cómo me veía en esa época y así determinar si me uniría a la no razonada colectividad de esta actividad en redes sociales.

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Al ver el timeline de las fotografías en mi Facebook, después de varios minutos de búsqueda (ya sé, soy un ridículo), llegué a ese año y me congelé. A mis ojos llego “LA” imagen, pero con ella las emociones. Mis manos sudaban, mi cuerpo se sentía incómodo y muy ansioso. Inevitablemente llegó el recuerdo, los olores, los dolores de pecho, los colores y mis ojos se llenaron de lágrimas.

¿La razón? Esa imagen daba cuenta del rechazo familiar, de la homofobia y de una educación social basada en prejuicios y estigmas que me orillaron a huir de casa, a dejar atrás seguridad, estabilidad, economía, pero sobre todo un papá, una mamá y un hermano.

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Había transcurrido un año desde que huí de casa cuando “salí del clóset”.

Iniciaba la universidad y la forma de poder ganar algo de dinero era tocando mi violín en las calles, en el metro y en los pasillos de mi universidad. Tenía mucho miedo, muchas inseguridades, mucha vergüenza, mucho rencor de una sociedad que educaba a que mi familia me rechazara solo por amar a una persona de mi mismo sexo. Fueron momentos de desesperación.

El ahora director de Yaaj México, Iván Tagle, ganaba dinero tocando su violón en las calles, en el metro y en los pasillos de su universidad. / Foto: Cortesía Iván Tagle

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Al ver esa foto experimenté todas las emociones que vivía en aquella época. Al transcurrir el tiempo levanté la mirada y me ubiqué en el tiempo y espacio actual. Comencé a reflexionar sobre este ejercicio… Más allá de los cambios superficiales… ¿qué evidencian nuestras fotografías? ¿Qué tanto hemos mejorado como personas y sociedad? ¿Somos aquellas versiones que deseábamos? ¿Mi contexto sigue siendo el mismo?, me pregunté.

En México, a finales de 2009, se aprobó la ley que garantiza el matrimonio y adopción entre personas del mismo sexo. Sin lugar a dudas, afortunadamente en 10 años hemos avanzado en materia de derechos LGBT+. Sin embargo, aún existen muchos retos y problemáticas a vencer.

Comencé a observar mis fotos de aquella época, los rostros de quienes pasábamos situaciones adversas, jóvenes que nos reuníamos con el propósito de sobrevivir, de generar y construir eso que se nos había arrebatado: una verdadera familia.

¿Qué fue de ese joven que retrata esa foto?

Me hice esa pregunta y automáticamente sonreí. La felicidad llenó mi cuerpo, ahuyentando los sentimientos negativos, la ansiedad, la preocupación, la homofobia. Ese joven pudo transformar ese rechazo y odio en acciones positivas, logrando de la mano de muchos aliados y aliadas colocar una iniciativa en el Senado contra las terapias de conversión (ECOSIG) que buscan suprimir la sexualidad de las personas.

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¿Quién pensaría que el niño que tocaba su violín en la calle para pedir dinero llegaría ahí? Es la mejor manera de responderle al odio, dije en voz alta.

Iván Tagle, director de Yaaj México, en el Senado de la República. / Foto: Cortesía Iván Tagle

Después de muchos años mi familia y yo pudimos acercarnos, superando la verdadera enfermedad social: la homofobia. Por supuesto que después de esta catarsis personal se me vino a la mente la lucha de todas y todos ustedes, sus historias, su resiliencia.

Los verdaderos activistas son quienes aman sin vergüenza, quienes toman de la mano a sus parejas en espacios públicos y quienes abren el debate con sus familias. Esos son los curules que transforman verdaderamente nuestra sociedad y nos permiten ser resilientes.

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Debemos sentirnos orgullosos de nosotros, aunque esas fotos no logren retratar esas grandes victorias personales contra la homo-bi-transfobia. Esas fotos son una evidencia de la lucha conjunta que hemos emprendido como comunidad para seguir vivos, para tener libertades y para no ser discriminados por nuestra orientación sexual e identidad de género.

Y tú, ¿cómo y dónde estabas hace 10 años?