En la música, en la pintura, en las letras y hasta en la vida nocturna. Convertirse en íconos LGBT+ de América Latina, como en cualquier otra región, no es cosa fácil, ya que es el resultado de años de trabajo duro, pero también de una personalidad única, de talento, de prestigio y de carisma.

Nuestros lectores más leales (y viejos haha) seguro recordarán que hace un tiempo les presentamos a algunos íconos LGBT+ de la historia de América Latina, pero claro que hay muchos, y hoy les traemos más, algunos muy conocidos, otros que no tienen la popularidad que se merecen, pero todos dignos de ser mencionados en este espacio. Arrancamos.

Christian Chávez

Empecemos calentando motores subiéndole a las bocinas, escuchando una de las voces que han coreado miles de espectadores en México, el resto de América Latina y otros países en el mundo (vaya, ni Miguel ni la abuelita Coco se volvieron tan populares). El popular grupo mexicano de pop RBD alcanzó cifras inimaginables gracias a la telenovela que los lanzó a la cúspide, Rebelde, y entre los protagonistas se encontró Christian, que aunque mientras fue parte de este grupo de estudiantes seguía dentro del clóset, una vez que la noticia sobre su sexualidad se hizo pública, su carrera no se ha detenido. Una vez que todos confirmamos lo que ya sospechábamos, este rebelde de cabello de colores nos sorprendió con uno de los himnos que más prende a la comunidad, Libertad, en el cual hizo dueto con su amiga Anahí. Por esto y por mucho más agradecemos a Christian, y le seguiremos deseando todo el éxito para que siga siendo uno de los mayores representantes jóvenes de la comunidad LGBT+ en México en el mundo del espectáculo.

Chavela Vargas

Costarricense por nacimiento, mexicana por convicción. Corearle La Llorona, Paloma negra, Zandunga o Se me olvidó otra vez, con un tequila en la mano, debe significar para cualquiera un gran paso para las lesbianas de la región, ya que si de por sí ser hombre homosexual era complicado a mediados del siglo pasado, ser lesbiana parecía una tarea tortuosa. Pero eso no la detuvo, ni en los escenarios ni en la vida personal. Los inicios de la vida de esta atrevida mujer no fueron fáciles, buscando su lugar en el mundo y trabajando por centavos, pero pronto dio un giro de 180 grados y su talento la llevó a los brazos de Frida y Diego, Agustín Lara, Pedro Almodóvar, Joaquín Sabina, Miguel Bosé, Armando Manzanero y Juan Rulfo, pero tristemente también al alcohol durante una época oscura de su vida. Eso no quita que en el Carnegie Hall y en el Palacio de Bellas Artes haya recibido largas ovaciones de pie, a pesar de no haber permanecido en el clóset, y por su convicción, esas ovaciones las extendemos hasta hoy.

Ricky Martin

Siguiendo en el mundo de la música, claro que no puede faltar este bombón que ya todos conocemos muy bien, que mejora con la edad y por el que muchos morimos. Ya sabemos que empezó desde muy pequeño en Menudo, que estuvo en un clóset de cristal durante décadas, que se volvió un fenómeno mundial gracias a una voz privilegiada, que ha compartido micrófono con Maluma, Christina Aguilera y Jennifer Lopez, que salió del clóset cuando y como quiso, que hoy su carrera no podría estar mejor y que todos estamos verdes de envidia por no ser su sexy esposo ni el padre de sus adorables niños. Su último gran trabajo, curiosamente no fue en un estudio de grabación musical, sino en uno de televisión, en el cual le dio vida (muy feliz por cierto) a Antonio, la pareja de Gianni Versace, para la brillante serie de (la también comadre) Ryan Murphy, American Crime Story: The Assassination of Gianni Versace, y en la cual su camerino se encontraba a unos pasos de los de Penélope Cruz, Edgar Ramírez y Darren Criss. Ricky, gracias por hacernos vivir La vida loca y la Adrenalina cada fin de semana, y ojalá, Tal vez, algún día se nos haga darte una Mordidita.

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Carlos Monsiváis

Escritor, periodista, ensayista, editorialista, investigador, cinéfilo, cronista, narcisista, coleccionista de premios, amante de los gatos y además socialité que se llevaba de piquete de ombligo con leyendas mexicanas como Elena Poniatowska. Cualquier medio impreso que se jactara de ser ejemplar (como Excélsior, Uno Más Uno, La Jornada, El Universal, Proceso y Letras Libres) debía contar con una máquina de escribir para sus palabras ácidas y directas. Además de brillar en las letras desde muy joven gracias a sus estudios en la UNAM y en Harvard, el trabajo de Carlos se volvió un pilar del activismo progresista en México, ya que en sus tiempos, ser homosexual no era nada fácil, pero en general se mostraba muy en contra de los estándares conservadores y religiosos que afectaran a la sociedad desde cualquier ángulo, no solamente a la libertad sexual. Por ejemplo, puso su granito de arena en el movimiento feminista, en la protección de las minorías y los animales, e incluso en las protestas estudiantiles del 68.

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Juan Gabriel

Queridas, ahora vamos a los zapatos grandes. Juanga es uno de los canta-autores más reconocidos a nivel mundial, y con razón. La diva de Juárez está en el top de compositores de México, ya que pocos nos regalaron tantas canciones como él (los que comparten el título son Agustín Lara, Armando Manzanero y unos cuantos privilegiados más), pero con su sentimiento, nadie. “Dicen que lo que se ve no se pregunta”, y bueno, los listones y la lentejuela de sus vestuarios se veían hasta las sillas de hasta atrás del Auditorio Nacional cada vez que lo llenaba en sus conciertos llenos de la vida y la energía del Noa Noa. De hecho, hasta se reía de quienes se burlaban de él en sus presentaciones en vivo, sin darle importancia a lo que pensaran o dijeran. De joven tuvo una vida humilde pero llena de amor por su país, y desde sus primeros años descubrió además su pasión por la música. Ni estar en la cárcel durante un tiempo lo detuvo para seguir cantando, y cuando salió, fue como una mariposa extendiendo sus alas y dándole la bienvenida a los mejores años de su vida, hasta que, inesperadamente, un día se nos fue. Entonces, ahora le cantamos Amor Eterno, como debe ser.

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Henri Donnadieu

La vida nocturna de la Ciudad de México y de Acapulco, así como la comunidad LGBT+, le debemos mucho a este francés-mexa amigo del neoyorquino Andy Warhol (quien le regaló una pieza para decorar su bar) y de la española Alaska. Esto es porque, en los años setenta y ochenta, Henri fue el responsable de darle vida a la (entonces bohemia y altiva) Zona Rosa. Su bar, El Nueve, le abría las puertas a todos los colores del arcoíris para que fueran ellos mismos en un espacio seguro, sin temores ni represiones, y marcaría tendencias musicales. De hecho llegó a ser tan exitoso que se abrió un homónimo en las playas del estado de Guerrero. Para que se hagan una idea, este lugar era como el Studio 54, ya que la gente esperaba horas afuera para entrar, y sólo lo lograban quienes mostraran una imagen original o fueran muy atractivos o grandes celebridades, hasta que tristemente tuvo que cerrar debido a la corrupción. No obstante, hoy su bar volvió a abrir en la calle de Amberes, con nueva vida y con un Henri que todavía camina feliz y orgulloso, con su marcado acento francés, canas y arrugas, pero también con su sonrisa cálida y brillante como la bola de disco que cuelga sobre todos nosotros.

Frida Kahlo

Esta artista es más reconocida en el mundo que nuestro presidente actual o el que viene en camino, más que casi otro cualquier artista, y quizá más que otro mexicano. Esto es gracias, obviamente, al talento innato, a su técnica única, a la fuerte personalidad formada por los crudos eventos de su vida (como su accidente, el hecho de no poder haber realizado su sueño de ser madre, o haber tenido que compartir las luces de los reflectores con su marido, Diego Rivera), pero quizá sobre todo, al claro amor que le tuvo a México. Esta bisexual es uno de los símbolos más claros de México en el mundo por la ropa que usaba todos los días, por el lugar donde vivió (una casa que mezcló la arquitectura colonial y la prehispánica en el centro de Coyoacán), por la forma en que decoraba su cabello, por los mensajes en sus pinturas, por la gente con la que se rodeaba, por lo que comía, y hoy, por las representaciones que vemos de ella en el estampado de las playeras, los bordados en las bolsas, las fotografías de sus caricaturas en los cuadernos, y muchas otras cosas que llevamos y usamos orgullosamente todos los días los mexicanos y los turistas que nos visitan.

En América Latina podremos tener problemas políticos, sociales y económicos; pero como vemos, talento LGBT+ no falta. Que todas estas personas se vuelvan un ejemplo para todos los latinoamericanos, que el resto del mundo nos voltee a ver y reconozca lo mucho que tenemos que ofrecer, y sigamos buscando grandes logros para la región.

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