Nota del editor: Esta historia la tomo del Facebook de una conocida llamada Emmayesica Duvali, me pareció una gran historia que nos deja ver cómo se vivía ser Trans a principios de los años 80 y cómo todo ha cambiado. Espero disfruten esta lectura tanto como yo y que además les haga entender lo mucho que ha cambiado la sociedad y lo mucho que también le debemos a las generaciones anteriores a las nuestras.

Aquí la historia:

“A finales del año 1980, un gran amigo Arturo Flores (quien sucumbiera al VIH) me propuso trabajar en un Sanborns, él ya era gerente de un desaparecido Sanborns sobre Paseo de la Reforma en Ciudad de México.

La carta de recomendación
La carta de recomendación (Click para ver más grande)

¿Trabajar en Sanborns sin papeles que avalaran mi verdadera identidad? era impensable, sin embargo, mi naturaleza de no dejarme aplastar por lo impuesto por la sociedad pudo más. Así que, con dos cartas de recomendación, una de Arturo Flores, otra del Señor Caballero (un empresario gay que tenia nexos comerciales con Sanborns) y después de unos exámenes entre a trabajar a Sanborns Xola en el departamento de dulces y regalos.

Fueron de esas épocas que te marcan de por vida. Una vestida (así se nos conocía despectivamente a las mujeres transgénero) trabajando en Sanborns como cajera, como mujer… ni yo me la creía.

A principios de febrero de 1981 la situación se empezaba a poner difícil. Recursos Humanos me exigía el acta de nacimiento, ¿cómo explicarles que yo sólo quería trabajar en algo que me gustaba y que no tenía un acta que avalara que era Emmayesica Duvali?, ¿cómo decirles que por favor quería quedarme por que en el trabajo sexual callejero no me había sentido a gusto?. Disfrutaba como nadie trabajar ahí, donde era reconocida como la cajera Emma. Gracias a ese trabajo me compré mis primeras zapatillas españolas, mis primeros vestidos Miss Georgette, mi primer anillo de oro.

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A finales de marzo de 1981 Arturo Flores cae preso, lo acusaban de un fraude. Fui a verlo al Ministerio donde estaba detenido, lo primero que me pidió fue que por favor me fuera de ahí, debido a que había muchos judiciales que me podían checar y detenerme por ser “vestida”. Luego me pidió lo más doloroso, que por favor renunciara. No podíamos arriesgarnos a que me investigaran por ser su recomendada y habría un gran problema por estar trabajando como mujer, además podíamos involucrar al Señor Caballero. 

Doloroso, pero real.

Recuerdo ir a dar mi renuncia, la jefa de piso me dijo que no me fuera, que tenía un gran futuro en la empresa, que lo pensara. Recuerdo que cuando salía de trabajar y caminaba hacia el eje Lázaro Cárdenas ya muy noche, salía feliz, había retado y derrotado una vez más las reglas de una sociedad heterosexual, pero cuando salí de ahí el día de mi renuncia lloré y lloré de impotencia, de frustración. Fue en ese momento que me propuse jamás derrotarme ante esta sociedad llena de transfobia y homofobia.

La vida me tenía aún preparadas muchas batallas, algunas ganadas, algunas perdidas, haciendo un recuento han sido más las ganadas… esas batallas perdidas sólo me han hecho ser más fuerte, más guerrera y por supuesto, ahora que han pasado los años me han dado muchas satisfacciones.

Puedo decir: ¡no nenas!, no he dejado de luchar, la batalla final aún esta lejos…..”

Emmayesica Duvali

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