La cantidad de acoso que he recibido estos últimos días, es directamente proporcional a mi frustración de no poder usar vestido sin sentir coraje. No es cosa de que me acostumbre. Había dejado de usar vestido,  durante… ya ni siquiera recuerdo. Y es que desgraciadamente el “no arreglarse” incluye una razón de enojo e impotencia.

Pero esto no va de vestidos, aunque toma un lugar igual de importante; conocí a una chica que trabaja en una de estas empresas nice, que por cierto no pienso mencionar, cuyo jefe insiste en que debe de maquillarse, aún cuando no está estipulado que sea un requisito (y de ninguna manera debería de serlo), pues lo vital es cumplir con sus responsabilidades de trabajo, y morales para con los clientes.

“Cuando iba maquillada me decía “Oye, arréglate”. Yo me veía en un espejo y poco a poco me sentí fea.”

Es una pena que tanto hombres como mujeres, con con todo tipo de gustos y preferencias que se puedan imaginar, tengan esto en mente, como algo natural. Y que lo natural sea que una mujer lleve pestañas largas, vestidos cortos, uñas de salón y labios carnoso-sensuales.

Estamos atacando más bien nuestra propia naturaleza. Y no digo para nada que esté mal maquillarse, esto va más allá, va por el respeto que hemos dejado de lado, al querer que las cosas sean como las monografías de primaria, donde indicaban lo que era ser un niño y una niña… lo daban por hecho.

Ocupo el espacio de este precioso portal para decirles una vez más que nuestras palabras no son en vano, el poder que hay en nuestras palabras es muy fuerte. Va desde hacer que alguien que se sentía bien en su propia piel, sin más, se sienta terrible. Y claro, esto hasta que alguien ya no quiera usar vestido.

Las palabras tienen un alcance mayor del que podemos llegar a imaginar.

Las mujeres son preciosas con o sin maquillaje, no hay nada que reparar, y si hubiese algo que reparar en nuestro aspecto, sería quitar todo aquello que no nos pertenece: lo que es simple, lo que al final encanta a quienes nos aman. Con o sin ojeras, con las pestañas más pequeñas, con uñas muy cortas… por si la ocasión lo amerita (If you know what I mean),  de cualquier manera.

¿Saben? Si sus estándares de belleza son de cierta manera,  no intenten que sean iguales para todos. Hagamos que nuestros estándares de belleza sean tan invariables, como responder “¿Cuál es tu color favorito?”. Y por favor (y esto va para [email protected]) dejen de creer que llevar falda es equivalente a “estoy buscando acción” y de creer que ir a trabajar con “cara lavada” nos hace menos mujeres.

Les amo familia #Homosensual