Foto: Miami Herald

Además del idioma, el amor y el respeto deben ser otros valores que compartamos con nuestros hermanos latinoamericanos LGBT.

Chile es un país que, al igual que muchos otros latinoamericanos, ha sufrido la violencia a causa de la LGBTfobia, en particular de la homofobia y la transfobia. Recientemente se registró un aumento del 45,7% en violencia de este tipo en el país andino, lo cual contrasta con el progreso del cual se habla en materia de derechos humanos para las personas elegebeté.

De acuerdo con el XVI Informe Anual de Derechos Humanos de la Diversidad Sexual y de Género, elaborado por el Movimiento Integración y Liberación Homosexual (MOVILH), el 2017 fue calificado como el «Año de la Furia» por la violencia ejercida con los activistas y personas LGBTI+.

Foto: Informe Anual de Derechos Humanos Chile 2017

El informe menciona:

2017 fue un año de violencia extrema contra las personas LGBTI, las familias homoparentales, los adolescentes y niños y niñas trans y los defensores de Derechos Humanos, en tanto los opositores a la igualdad cursaron iniciativas sin precedentes para torpedear todo tipo de legislación o política pública favorable a la diversidad sexual y de género.

De hecho, México comparte, si no las cifras, al menos sí el odio hacia nuestra comunidad, y todo a partir de la cruzada del Bus del Odio, el camión que visitó gran parte de los países del mundo, y que no pudo faltar en el nuestro, al igual que en Chile y el resto de países latinoamericanos.

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En Santiago, capital chilena, el Bus del Odio también hizo de las suyas, según detalla el informe:

La inédita cruzada del Bus del Odio en el Gran Santiago provocó un efecto de odiosidad en cadena: fue emulada en regiones, los grupos homotransfóbicos potenciaron la virulencia de sus discursos y las autoridades ultraconservadoras dieron la mano a la campaña, dotándola de cierta ‘validez’ en el escenario público en tanto era presentada como una forma de expresión neutral, en vez de nociva para la dignidad de los seres humanos.

Foto: Cáscara amarga

El Año de la Furia contra las personas LGBTI conoció acciones y discursos tan cavernarios como las que tenían tribuna en la década de los 90, siendo la prueba más simbólica de ello el hecho de que fuese la propia presidenta de la República, Michelle Bachelet, la que se convirtiera en una de las víctimas de la homofobia y la transfobia al ser insultada en el Tedeum evangélico por su apoyo a los derechos de las personas LGBTI y de las mujeres.

Tal parece que Chile México tenemos en común, además de la amabilidad de las personas, los hermosos paisajes y la lengua hispana, el odio que padecemos a diario por LGBTfóbicos y parte de la sociedad que aún no entiende que nuestra sexualidad no está mal sino que es su cabeza la que lo está.

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Entre este odio, tal como reporta el informe elaborado en Chile el año pasado, la violencia afectó principalmente a las personas trans, y de esta furia también sabemos nosotros en México*cof cof Torreón*.

No más «Años de Furia» en ninguno de nuestros países, no solo en Latinoamérica sino alrededor del mundo.