Electrochoques en las manos y otras torturas son el testimonio de un sobreviviente de una terapia de anti gay. / Foto: tomada de shangay.com

Conocimos el doloroso testimonio de un hombre que, con 10 años, tuvo que vivir el infierno de una terapia anti gay.

“Me mostraban imágenes de hombres tomados de las manos. Luego colocaban mis manos en hielo”. Así describe Samuel Brinton una salvaje terapia antigay que padeció en Estados Unidos cuando era un niño. En entrevista con un medio colombiano, contó su lucha en el congreso americano contra estas terapias, sin importar las dolorosas secuelas.

El camino al infierno está hecho de buenas intenciones

En pleno siglo XXI, cientos de padres siguen creyendo que pueden cambiar a sus hijos homosexuales. Sorprenden aún más los métodos utilizados, que van desde exorcismos, pastillas e hipnosis, hasta crueles choques eléctricos. Así lo relata Samuel Brinton:

Colocaban electrodos en mis dedos. Mandaban electricidad a mi cuerpo mientras me mostraban pornografía gay.

¿La razón? La hipótesis de que el dolor sentido por el ‘paciente’ se asociara con las imágenes que estaba viendo. Algo que, en medio de gritos de dolor, Samuel Brinton no recuerda que haya funcionado de la terapia antigay. Era apenas un niño de 10 años.

Fue a esa edad cuando, inocentemente, Samuel contó a sus padres que le encantaba un chico del colegio. Ellos, misioneros bautistas que viajaban por el mundo enseñando la biblia, vivían en un mundo ultracristiano. No había lugar para la homosexualidad (al menos de forma abierta):

Le dije: “Papá, dale es muy lindo”. Mi papá enfureció. Me golpeó tan fuerte que quedé inconsciente.

Samuel Brinton atravesó por una terapia antigay a sus 10 años. Ahora lucha contra ellas. / Foto: tomada de nesd.org

Su mamá intervino para liberarlo de los golpes del papá. Pero sobre todo, de su propia tendencia homosexual. Por salvar a su niño de lo que creía un pecado, lo lanzó al infierno de la terapia antigay.

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Años de indulgencia

Me mostraban imágenes de hombres tomados de las manos. Luego colocaban mis manos en hielo. Querían que sintiera el frío del hielo y relacionara lo que veía con lo que sentía. Luego colocaban cables alrededor de mis manos. Se calentaban cuando salían imágenes gay y se enfriaban cuando desaparecían. Para que asociara el dolor del calor con tocar a otro hombre.

Esta es una de las experiencias de la terapia de conversión que relata Samuel en la entrevista. Padeció una tras otra durante tres años. Cuando quiso liberarse de tanto dolor, intentó quitarse la vida tomando pastillas.

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Después de otro intento de suicidio, les juró a sus papás que ya no le gustaban los hombres. Ellos le creyeron, y la terapia antigay paró. Pero esa es la peor parte, asegura Samuel. Como si nada hubiese pasado, los ‘terapeutas’ lanzaban un dichoso “estás curado, ya todo está bien”.

Cada vez que abrazaba a un hombre, incluso a mi papá, sentía dolor. Me habían reprogramado para sentirme así. Fui a la secundaria, tuve novia. Quería que todo ese dolor se fuera.

Llámame por tu… ¡Vida!

Así, como un milagro de la terapia antigay, supuestamente se curó de lo que según la ciencia no es ninguna enfermedad. Durante años tuvo que mentir diciendo que era heterosexual. Pero en la universidad descubrió que no era el único gay sobre la faz de la tierra.

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La vida no lo quiso ‘enderezar’, para fortuna de muchos jóvenes LGBT. Ahora, Samuel es el director de defensa y asuntos gubernamentales de The Trevor Project, una línea antisuicidios enfocada en la juventud Homosensual. Además, se convirtió en una de las voces más visibles contra las terapias antigay para ‘deshomosexualizar’.

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Sameul declaró ante Naciones Unidas su testimonio y alertó sobre los miles de centros de terapias antigay que existen —por ejemplo, en Latinoamérica—; las mentiras que pastores y falsos terapeutas hacen a los padres de chicos y chicas gay; y sobre los miles de millones de dólares que ganan esos inescrupulosas con el dolor de los niños.

El mensaje de Samuel ha sido tan poderoso que hasta los famosos en la alfombra roja de los premios Oscar corrían a felicitarlo:

Es una dolorosa ironía que estas terapias antigay sean legales justo en el país donde sonó por primera vez el grito del Orgullo Gay. Cerca de 700 mil personas, solo en ese país han pasado por una. La mitad de ellas, adolescentes.

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¿Conoces de alguna de estas aberrantes ‘terapias’?

Con información de Los Informantes.