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En mis últimas noches, las pesadillas de una realidad distópica me han quitado el sueño. Dicho de otra forma, sueño como si la serie “The Handmaid’s Tale” fuera una realidad. ¿Puede esto suceder? Me he preguntado muchas veces y la respuesta que encuentro es… está sucediendo.

Históricamente podemos observar cómo los discursos más conservadores han criminalizado y patologizado a toda minoría. Es muy interesante observar cómo por generaciones estos discursos han evolucionado y cambiado en muchos casos para bien, al menos eso creo.

Un primer ejemplo es el de las mujeres, quienes a un inicio fueron consideradas por estos discursos como enfermas de histeria para más adelante no ser consideradas como sujetas de derecho, limitando su participación en la sociedad y justificando con discursos biologicistas esa desigualdad hasta después de 1953, en la generación baby boomer, cuando por fin se les permitió votar en México.

Importante resaltar que no fue porque los hombres fueron generosos y decidieron otorgarles ese derecho, ellas tuvieron que salir a luchar. Desafortunadamente, en la dinámica social estos discursos inquisidores siguen menoscabando su dignidad. La generación millennial ha podido dar voz a millones de mujeres, sus retos, sus problemáticas y poder avanzar. Por lo menos en el mundo ya no son consideradas como enfermas.

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Un segundo ejemplo es el de las personas afrodescendientes, quienes a un inicio fueron esclavizadas e incluso capturadas para ser exhibidas como animales en zoológicos humanos gracias a discursos biologicistas que afirmaban que estas personas pertenecían a una raza distinta a la del ser humano (hombre blanco). En la generación baby boomer esas personas eran segregadas, no podían usar el mismo baño, no podían votar, ni usar el transporte público.

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Actualmente, en nuestra generación millennial, las personas afrodescendientes han podido lograr derechos importantes e incluso tener una gran representación política en todo el mundo. Por supuesto que, para ganar estos derechos, tuvieron que luchar. Sin embargo, aún existe la discriminación racial, pues estos discursos viven enraizados en las conciencias de las personas y grupos conservadores siguen alimentando esos estigmas y prejuicios.

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La comunidad LGBT+ ha sido perseguida desde hace varios siglos. La Inquisición los quemaba vivos, más adelante fueron encerrados o condenados a muerte, y luego llegó su patologización como enfermos mentales. En la época de los baby boomers aún éramos considerados como enfermos, no se reconocía ningún derecho, solo existían dos opciones: vivir en el clóset o el rechazo, criminalización o patologización. Actualmente nuestra generación ha visto cómo poco a poco se ha comenzado a avanzar en el reconocimiento de estos derechos. Digamos que somos un movimiento muy joven comparado con los ejemplos anteriores.

Mis pesadillas solo son un reflejo y recordatorio de nuestras realidades, basta con ver los discursos misóginos y racistas del presidente de los Estados Unidos, o discursos homofóbicos como los del dictador de Brasil.

Dichos discursos dan vida a campos de concentración dirigidos a homosexuales en Chechenia o a las llamadas terapias de conversión, que son una realidad en nuestro país y actualmente pretenden ser justificadas bajo discursos biologicistas.

Muchas personas que me lean pensarán que estoy exagerando, pero las realidades que he podido presenciar de primera mano refuerzan esta afirmación. He conocido diversas víctimas que han sido sometidas a esfuerzos para corregir la orientación sexual o identidad de género (ECOSIG); amigas que han sido sometidas a violaciones correctivas consensuadas por sus familiares, pues pensaron que así se les quitaría lo lesbiana; amigas que fueron recluidas en psiquiátricos; jóvenes que fueron privados de su libertad en campamentos o anexos; personas que fueron sometidas a mucho estrés por terapeutas; casos extremos de medicalización como castración química; y, por supuesto, mi propia experiencia de vida. Todas esas prácticas son generadas desde una apología del odio a lo distinto por aquellos “profesionales” de la salud mental.

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Me niego a que mis pesadillas sigan siendo una realidad, por ello hago un llamado a todas y todos ustedes. Tenemos que unirnos, alzar la voz y defender la iniciativa de ley que busca acabar con estas violentas prácticas que pertenecen a una época medieval y su fundamento no cabe en la sociedad democrática que queremos construir.

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Al final compartimos las mismas historias entre los distintos movimientos sociales y algo que también compartiremos será LA LUCHA.

Las sufragistas tuvieron que luchar para garantizar sus derechos. Tenían razón.
Las personas afroamericanas tuvieron que luchar para ser reconocidas. Tenían razón.

Ahora nos toca a nosotras y nosotros, quienes pertenecemos a esta generación y esta comunidad LGBT+.

En nuestras manos tenemos el poder de cambiar la historia, tenemos el poder de ser los próximos Martin Luther King, las próximas Elvia Carrillo Puerto, los próximos Harvey Milk.

Esta iniciativa de ley será una realidad por nuestra lucha, nuestras voces, nuestras vivencias y por aquellas personas que vienen atrás de nosotros. Ningún joven en nuestro país merece vivir tratos crueles inhumanos y degradantes por amar a personas de su mismo sexo.