Así fue como salí del clóset con mis amigos. / Imagen: Visibles

Este es mi testimonio de cuando salí del clóset con mis amigos. A pesar de las diferencias, estas experiencias me han permitido ser quien soy con orgullo.

Recuerdo que fue en la secundaria cuando me percaté de que los hombres también me atraían. Esta ‘confusión’ me aterraba porque justo en ese momento estaba perdidamente enamorado de una amiga. ¿Cómo era posible que hubiera un ‘no sé qué’ en los hombres que también me llamaba la atención? También recuerdo que en mi grupo había el típico niño guapo que se creía lo máximo y por quien todas morían. Al principio me era indiferente, pero después tuve que aceptar que sí era guapo… y que también me gustaba. ¿Acaso debía salir del clóset?

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Conforme pasaron los últimos años de la secundaria, mi gusto por los hombres se hizo evidente en mí. Sin embargo, aún pensaba que se trataba de una etapa o de una simple confusión. Afortunadamente, en el primer año de la preparatoria conocí a mi primera amiga bisexual. Me fascinaba la libertad con la que expresaba su gusto por ambos géneros. Ella nunca tuvo miedo de decírselo a sus amigos. En cambio yo sí lo tenía, y mucho.

Mi primera salida

Al concluir el primer año de la prepa, conocí al que sería mi primer novio. Nos conocimos de manera accidental en la calle. Él era mucho más grande de edad, tomando en cuenta que yo apenas tenía 16 años. Aunque no fue una relación larga, me di la libertad de conocer muchas cosas que durante años había reprimido. Fue mi primer beso con un hombre, la primera vez que hablaba de mis gustos ‘ocultos’, y muchas otras primeras veces.

Cuando salí del clóset no sabía cómo reaccionarían mis amigos. / Imagen: WikiHow

Obviamente necesitaba compartir esta felicidad con alguien, pero ¿con quién?

Nadie sabía sobre mi bisexualidad. Me hubiera encantado compartirlo con mis mejores amigos, pero en algún momento todos habían manifestado cierta homofobia, por lo que los descarté. Sabía que la única persona que me entendería era mi amiga bi. Al menos eso creía.

Había una compañera que desde el primer momento nos caíamos mal. A pesar de las diferencias que habían entre ambos, ella aprovechó un momento en el que yo estaba solo, se acercó y decidió compartirme una noticia: ella era bisexual. Por supuesto que yo no sabía cómo actuar o qué decir. ¿Por qué decidió contármelo a mí? Seguramente quería que yo hiciera lo mismo para ir divulgando por todos lados mi orientación sexual.

A pesar de mi desconfianza, decidí hacerlo. Le dije a la niña desconocida e insoportable que yo también era bisexual y que tenía novio. Dos segundos después de haberlo hecho pensé: «¡Qué estúpido eres!». Y vaya que sí: aún no me había percatado de que frente a mí estaba la que pronto se convertiría en mi mejor amiga de toda la vida.

Mi segunda salida

¡Sí! Finalmente tenía alguien con quien compartir todos mis secretos. Pero a pesar de ello, aún tenía ganas de decírselo a mi primera amiga bi. Y sabía que lo tenía que hacer pronto. Como si fuera por azares del destino, en aquellos días mi relación atravesaba su peor etapa y necesitaba ayuda urgente. Para mi mala —y buena— suerte, mi nueva mejor amiga no estaba en la ciudad y no respondía a mis mensajes. Era evidente que necesitaba orientación de mi primera amiga.

En aquel entonces todavía existía Messenger (no, no el de Facebook) y por ahí mantenía comunicación con todos mis amigos. Aquel fin de semana volvería a salir con mi novio. A pesar de que habíamos tratado de ‘limar asperezas’, los viejos malentendidos volvieron a arruinar la relación. No me quedaba de otra más que decirle a mi amiga, pues sabía que no podía fallarme. Cuando le dije que también me gustaban los niños y que tenía problemas con mi novio apuntó a decirme:

«Sabes que cuentas con todo mi apoyo. Eres uno de mis mejores amigos y siempre estaré cuando me necesites. Si él es muy importante para ti, lucha por él».

Fue cuestión de horas para perder al que había sido mi primer novio. Sin embargo, me sentía tranquilo, pues gracias a esa relación había ganado a dos muy buenas amigas, a quienes siempre les estaré agradecido por apoyarme en todo momento y por continuar a mi lado.

Cuando salí del clóset con mis amigos me sentí muy liberado. / Imagen: La Verdad Noticias

Mi tercera salida

Llevaba casi seis meses de haber salido del clóset con mis dos amigas, pero el resto de mis amigos aún no lo sabían. Por lo menos no oficialmente. A finales de ese año mi mejor amiga me presentó al que se convertiría en mi segundo novio. Como él iba en la misma escuela que yo, nuestras citas eran ocultas: yo me escapaba para verlo mientras mi amiga distraía a mi ‘grupito’.

Llegó el mes de febrero y con ello, el cumpleaños de mi mejor amiga. Ella había organizado una fiesta en su casa e invitó a varios compañeros. Entre ellos mis amigos y, por supuesto, a mi crush. Esa noche bebí como nunca, por lo que perdí el conocimiento gran parte de la fiesta. Cuando desperté mis amigos me dijeron que había confesado mi cariño por hombre, aunque no fue de una forma muy ortodoxa.

Era obvio que en ese momento quería que la tierra me tragara. Pese a que estaba muerto de la vergüenza, mi crush me llevó a un lugar apartado de todos, hablamos de todo lo ocurrido y me dijo que quería ser mi novio.

Ya andaba con la persona que quería, ¿qué malo podría pasar?

Bueno, después de confirmar mi bisexualidad y mi relación a mis amigos, hubo algunos que no lo tomaron tan bien como me hubiera gustado. Unos se apartaron de mí y otros lo ‘medio’ aceptaron. Claro que la amistad se vio muy afectada por varias semanas: críticas y burlas se volvieron una constante. Sin embargo, no me preocupó: tenía a mis dos amigas y a mi novio. Y nada de lo que dijeran de mí me afectaría.

Nunca dejé de ser yo mismo. Lo único que cambió es que ya no me incomodaba hablar de mi orientación. Si alguien estaba de acuerdo: perfecto. Y si no lo estaba, también. Fue difícil para mis amigos, pero entendieron que yo no iba a cambiar. Por el contrario, fueron ellos quienes se dieron cuenta de que estaban mal con su homofobia, por lo que finalmente me pidieron disculpas. Han pasado los años y siempre les he demostrado mi afecto. Ahora platico con más orgullo de quién soy y lo feliz que he vivido sin ocultarles nada.

Así salí del clóset con mis amigos. Y tú, querido Homosensual, ¿cómo lo hiciste?