El acoso entre lesbianas existe. Aquí te decimos cómo identificarlo y cómo puedes ponerle fin. / Foto: Pinterest

El acoso entre lesbianas es más frecuente de lo que piensas. Te ayudamos a reconocerlo y te decimos qué puedes hacer para acabar con él.

Las mujeres como género estamos expuestas al acoso todos los días: en el transporte público, en el trabajo, en la escuela y hasta en “lugares seguros” como nuestros hogares y relaciones personales. Vivimos en una sociedad patriarcal y machista que lo ha normalizado a tal grado que incluso las mujeres lo practicamos entre nosotras. Pensaríamos que por ser mujeres, el acoso entre lesbianas no existe, pero no es así. Y por eso esta nota es para nosotras, mujeres a las que nos gustan las mujeres. Porque el acoso es algo contra lo que tenemos que luchar, no algo para ser partícipes.

Primero lo primero

En primer lugar, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de acoso? El concepto de enciclopedia lo define como “la acción o conducta que implica generar incomodidad o disconformidad en el otro“. Sin embargo, al hablar de acoso por género, esta definición nos queda chica porque el acoso deja de ser un acto individual para convertirse en uno colectivo que se perpetúa hacia, en este caso, las mujeres como género. Además, está fundado y defendido por el machismo y falocentrismo en el que está hundido el mundo. Así que ya no es acoso nada más, sino que también es acoso sexista.

El acoso hacia las mujeres también existe entre lesbianas. / Foto: Pinterest

Bajo este contexto, podemos hablar de él como un mecanismo de control para mantener una relación de dominación/subordinación que convierte a la mujer en un objeto del cual puede disponer a conveniencia. Buena parte de este acoso proviene de los hombres, tanto que se nos ha olvidado hablar también del acoso entre mujeres. Particularmente, del acoso entre lesbianas.

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¿Por qué acosa una lesbiana?

Erróneamente creemos que, por ser mujeres, ya somos conscientes de la desigualdad que vivimos frente a los hombres y los mecanismos que remarcan esa desigualdad. Pero no es cierto. Entender cómo la sociedad te violenta por tu género, cómo tú misma formas parte de ese sistema y, lo más difícil, cómo dejar de formar parte de ese sistema, es todo un proceso de deconstrucción que no llega por obra del Espíritu Santo.

Puedes tener la fortuna de que te caiga el veinte con tan solo abrir un poquito los ojos y ver cómo está el mundo. Puede ser gracias a una amiga feminista que te iluminó con su sabiduría o puede ser a madrazos. Tristemente, esta última no solo sucede de forma retórica. De tal forma que creo que la principal razón por la que acosa una lesbiana —y ojo, no es en lo absoluto una justificación—, es porque es lo que aprendimos, lo que nos acostumbramos a ver y, lo más terrible, con lo que nos acostumbramos a vivir.

Hemos recibido información tan tóxica acerca de cómo deben ser las relaciones, cómo debemos ser tratadas las mujeres y cómo debemos tratar a otra mujer, que nosotras mismas podemos repetir los mismos patrones de misoginia que los hombres.

¿Cómo se ve el acoso entre lesbianas?

El acoso se presenta de muchísimas formas. Está el acoso callejero, que lo podemos identificar perfectamente y que no solo lo practican los hombres. Y también los acercamientos físicos no deseados. De hecho, son bastante frecuentes en las noches de chicas de antros gays. No porque estemos en un antro gay buscamos ligar. Y si queremos ligar, tampoco significa que quiero que me arrimes las shishis o te me pegues a las nalgas.

También están las que acosan a una chava porque les gusta y creen que si la están friegue y friegue como cuchillito de palo, les va a hacer caso. Si te gusta una chica y quieres saber si le gustas, agárrate los ovarios y pregúntale. Y, si te dice que no, respeta. Eso no la hace ni “una perra”, “una mamona”, ni nada por el estilo. No es su obligación corresponderte. Y también recuerda que, como dice una sabia amiga mía, cualquier respuesta diferente a un sí, es un no. ¿Entonces en qué quedamos? Si no te dijo que sí, que tú también le gustas, te guardas tus ganas y la dejas en paz.

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¿Saben qué otra cosa también es acoso? Mandar nudes no solicitadas.

¿Te dijo que quería una foto de tus shishis en su WhatsApp? Porque si no fue así, mandársela está totalmente fuera de lugar. Si ya hay algo entre ustedes, recibir una nude es mejor que cuando llegaba el Día de Reyes. Pero si ni hay nada con esa persona y de repente recibe una foto de tu pack, puede resultar molesto y desagradable. Sobre todo si a esa persona no le gustas tú.

Otra forma explícita de acoso es querer forzar a alguien a hacer cualquier cosa que esa persona no desee. Ya sea tener sexo, un faje o un beso. Entiende que no es NO, y la otra persona no tiene la obligación de quitarte las ganas. Si estás ganosa, te haces tu chaquetita y a dormir. El deseo no es una justificación para ser una depredadora sexual. Y esta también aplica para las parejas, eh. Muchas piensan que porque la chava es su novia, debe de tener ganas cuando ustedes tienen ganas y no, mis hijas.

Besar a otra chica sin su permiso es un ejemplo más de acoso entre lesbianas. / Foto: Deviantart

Ya que hablamos de parejas, hablemos también del acoso dentro del noviazgo.

Tu novia no tiene por qué darte explicaciones sobre dónde está, con quién está, ni qué está haciendo. Si están en una relación, es porque hay confianza. Si no, ¿qué hacen ahí? Cada una tiene una vida y es libre de vivirla como quiera y sin tener que rendirle cuentas a nadie. Una cosa es que hayan decidido compartir esa vida juntas y otra muy distinta, que se hayan vuelto propiedad la una de la otra. El respeto a la individualidad ajena es la paz.

También está el acoso que muchas veces ejercen las ex. De hecho, es un clásico entre las lesbianas que la ex siga buscando insistentemente a la chava con la que andaba. En primer lugar, vean por su dignidad y su salud mental, muchachas. Y en segundo, no atenten contra la de las demás. Si no te contesta, claramente no le interesa. Así que deja de acosarla —porque eso es justo lo que es: acoso— escribiéndole o llamándole todos los días.

Y acá les va otra muy frecuente. ¿Cuántas de ustedes no van por ahí queriendo seducir heterosexuales para presumir su “colección de tazos”? No solo se muestran como machos patanes, sino que caen en el mismo ridículo de los hombres heterosexuales que dicen que pueden voltear a una lesbiana. Si te enamoraste de una buga, lo mejor que puedes hacer es decirle. En una de esas, a lo mejor ella también tiene curiosidad y se te arma el huateque. Pero si no es el caso y aun así tú sigues escribiéndole con dobles intenciones, mandándole corazones y apareciéndotele como si por mucho verte fuera a cambiar su opinión, la estás acosando, corazón.

Las mujeres bugas son como el spaghetti… solo son bugas hasta que se mojan.

Así que se lo resumimos, muchachas. Estarle escribe y escribe a la que te gusta pero tú no le gustas, es acoso. Querer —por tu ego frágil— voltear a esa buga que tiene cero interés en ti, es acoso. Estarle contando los minutos a tu novia y querer tener checadita cada cosa que hace o deja de hacer, es acoso. ¿Ya ven cómo el acoso entre lesbianas sí existe y es bien frecuente?

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¿Qué puedo hacer si sufro acoso por parte de otra mujer?

Ya diste el primer paso, corazón, que es aceptar que estabas sufriendo acoso. Que nadie quiera convencerte de lo contrario con comentarios machistas del tipo: es tu imaginación, estás exagerando. Si tú sientes una actitud hacia ti como acosadora, es porque esa actitud es acosadora. ¿Qué puedes hacer? Alejar a esa persona de tu vida.

Si es una relación que de verdad te interesa, puedes intentar hablar claro con esta muchacha. Pero de antemano te decimos que el que a una persona le caiga el veinte de su propio machismo no es cosa fácil. Y no siempre están dispuestas a verdaderamente cambiar o corregir sus actitudes.

Ahora que si estas actitudes también son violentas física, psicológica o emocionalmente contigo, lo más sano es salir de ahí corriendo como Forrest Gump. Si tu situación es verdaderamente compleja —o si no lo es pero aun así quieres hablarlo con alguien—, nuestras puertas están abiertas para ti. Siéntete en la libertad de escribirnos. También te dejamos los datos de otros colectivos, asociaciones e instituciones a las que te puedes dirigir.

  1. El INMUJERES está especializado en situaciones de violencia hacia la mujer, así que es un excelente lugar al que puedes dirigirte. Cuentan con líneas de ayuda para los diferentes estados de la República.
  2. It Gets Better. Cuentan con un programa que se llama “Hora Segura”. Puedes llamar y explicarles tu situación. Sabrán brindarte ayuda.
  3. INJUVE. El Instituto Nacional de la Juventud también cuenta con algo llamado “Línea Joven”, que brinda apoyo y consultoría jurídica en caso de ser necesaria.

¿Y si yo soy la que acosa?

Si leíste este texto y te cachaste culpable en varias de estas situaciones, hay mucho trabajo por hacer, mija. En primer lugar, hazte consciente de tus actitudes. Aprende a distinguir cuándo estás acosando, cuándo estás haciendo o diciendo cosas machistas, cuando estás violentando a otra mujer y entiende por qué lo haces, para que puedas dejar de repetirlo. Lee, infórmate, rodéate de mujeres conscientes, amplía tu círculo feminista y, si lo crees necesario, busca ayuda profesional que te saque de ese trip misógino. La única que puede hacer algo por ti, eres tú. Así que hazlo. No seas parte del problema.

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¿Tú has sufrido acoso por otra mujer? ¿Qué otras situaciones de acoso conoces?