La primer persona con VIH que conocí en 2001, tomaba catorce pastillas en un día. Hoy, algunos de mis amigos que viven con el virus sólo toman una o dos.

En un futuro cercano, la dosis podría cambiar a una inyección cada dos meses. Esta semana se cumplieron 29 años de que se aprobó el primer medicamento para controlar el VIH, llamado zidovudina o AZT, y a casi tres décadas, la investigación continúa para tener más y mejores esquemas de tratamiento.

El avance de la tecnología en medicamentos ha permitido desarrollar moléculas que hacen que las personas tengan mejores resultados en salud y menores efectos secundarios. Si bien los antiretrovirales (ARV) de hoy ya no son tan dañinos con el organismo como los de antes, tampoco son inocuos, por lo que pueden provocar algunos efectos como cansancio, diarrea, pesadillas o redistribución de la grasa en el cuerpo. Sin embargo esto no le ocurre a la mayoría de las personas que usan ARV.

En México fue hace veinte años que el IMSS y el ISSSTE comenzaron a otorgar los primeros ARV a sus derechohabientes de manera gratuita. En 2003 se introdujo el “acceso universal”, que fue cuando todas las personas pudieron acceder al tratamiento para el VIH a través del Seguro Popular, el cual continúa hasta el día de hoy.

Más de ochenta mil personas están recibiendo tratamiento en México. Sin embargo hay miles de personas que viven con VIH que a pesar de saber que tienen el virus, no acceden a los medicamentos debido al miedo a que otras personas se enteren que viven con VIH. Es decir, el estigma y la discriminación siguen jugando un papel fundamental para que muchos hombres gay y HSH se hagan la prueba, y en caso de salir positivos, se acerquen a los servicios de salud para recibir los ARV.

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Hace apenas unos días me enteré del caso de un médico de 29 años que sabía desde hacía tres años que tenía el VIH pero nunca se acercó buscar tratamiento. Su sistema inmunológico estaba tan deteriorado que de una semana a otra, de verse totalmente sano pasó a estar en el hospital y murió a los pocos días.

Los ARV son un gran negocio para las compañías farmacéuticas, sobre todo si consideramos que muchos (países incluyendo al nuestro) tienen que comprar medicamentos originales ante las restricciones comerciales de fabricar o importar genéricos. Países como Brasil, la India y Sudáfrica que tienen una enorme población viviendo con VIH, producen sus propios ARV genéricos y gastan hasta veinte veces menos que lo que se invierte en México. El Tratado Trans-Pacífico recién firmado por el gobierno de doce países (incluyendo a México, Chile y Perú), podría acarrear incluso más restricciones para que se sigan usando medicamentos de patente por más tiempo en materia de VIH.

La posibilidad de desarrollar una vacuna o una cura para el VIH aún es lejana. No obstante hace un par de semanas se presentó en Boston un medicamento llamado Cabotegravir, un ARV inyectable que tiene una gran efectividad y que podría sustituir la ingesta diaria de pastillas y la cambiaría por el uso mensual o bimensual de una inyección en el brazo. Aunque apenas se encuentra en fase de pruebas, es posible que eventualmente esté disponible a nivel comercial.

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Otro uso actual que se les da a los ARV es el de profilaxis pre-exposición para prevenir el VIH. El Truvada que era usado desde hace años por personas que viven con VIH, es usado hoy en día también para prevenir la transmisión del VIH. Este método aún no está disponible en América Latina debido a los altos costos, sin embargo ha demostrado ser efectivo en casi un 99% de acuerdo a diferentes estudios.

El acceso gratuito a los ARV fue un logro de los activistas que lucharon durante la década de los noventa. Muchos murieron esperando a que el gobierno respetara el derecho a la salud de todos y adquiriera los medicamentos a pesar de sus precios altos. Hoy en día sigue siendo fundamental defender ese derecho también para que el abasto sea oportuno y siga existiendo una diversidad de esquemas de tratamiento para que cada persona reciba el que más le conviene.

La mayoría de mis amigos que viven con VIH gozan de muy buena salud gracias a los ARV. Pero también conozco muchos casos de personas que por no confiar en los medicamentos o por no hacerse la prueba de manera oportuna, murieron a causa del SIDA, uno de ellos de tan sólo 21 años que adquirió influenza.

Recuerden que el VIH ya no es una sentencia de muerte, pero es importante hacernos la prueba si hemos tenido prácticas de riesgo y en caso de ser positivos, es crucial tener una buena adherencia a la terapia ARV.