Pocas cosas hacen tan feliz a una mujer como un buen cunnilingus. Si no sabes qué es, sigue leyendo. / Foto: Pixabay

Si te gustan las chicas y no sabes qué es el cunnilingus, esto te interesa. Te decimos cómo darle el máximo placer a tu mujer.

El cunnilingus (del latín: cunnus,”coño”, “vulva”; y lingō, lingĕre, “lamer”) es la práctica del sexo oral a los genitales femeninos. Y no es algo nuevo. En el templo Rhajarani en Bhubaneswar, India, hay una escultura de dos mujeres haciéndose el cunnilingus, pieza que data entre los siglos XX u XI. Y los japoneses plasman escenas de esta práctica en su tradicional arte Shunga.

La cosa es que desde hace siglos hacemos blows, nos comemos la galletita, lamemos al mejillón y le damos besos al chimuelo. Dile como quieras, pero cuando lo hagas, échale ganas.

Pero ¿cómo hacer un cunnilingus?

Para ejecutar de forma eficiente un cunnilingus, no sirve de nada dibujar el abecedario con la lengua sobre la bolita del amor: A de aburrido, B de basta, C de cómprate el manual de la pantufla. Aquí algunos puntos básicos que te ayudarán a ser un as a la hora de los deliciosos lengüetazos impúdicos.

Abarca todo. TODO.

Recuerda que la bolita del amor tiene millones de terminaciones nerviosas, esto significa que es más sensible que Neruda. Así que antes de atacar directamente, recorran con besitos y besos de perro San Bernardo todo lo aledaño, sin prisas. Ingles, pubis, labia mayora y demás, todo entra en el juego. Asegúrense de que los primeros acercamientos tengan la misma suavidad con la que el tío Emeterio y la tía Conchita bailan un danzón.

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Disfruta el viaje con todos tus sentidos

Una vez que tu cabeza esté entre los muslos de la muchachona, es como si te aventaras de un paracaídas. No sirve de nada tener miedo, al contrario: disfruta el viaje con todos los sentidos. Si tú la pasas bien haciéndolo, ella la va a pasar mejor. Aspira todos los olores como animal, lame todo como si fuera un helado de coco derritiéndose en la playa. ¿Qué más vulvástico que sentir las diferentes texturas de la piel y el sabor de los fluidos? (Eso sí, mis chavas guapachosas, siempre hay que mantener nuestros jugos sanos y limpios). No temas en embarrarte hasta los ojos. Mete la nariz, pega los cachetes. ¡Atáscate!

Para el cunnilingus, tu lengua es tu mejor aliada. / Ilustración: Instagram (@fainkujen)

Haz que tu mujer se sienta cómoda en todo momento

La mayor parte de las hembras se sienten un chirris vulnerables y expuestas cuando están siendo succionadas como Maruchan sin tenedor, así que tu labor, mi querida lenchilectora y/o buga querido, es hacer que tu mujer se sienta cómoda con la situación, con su cuerpo, con su vayeiyei, con sus olores y sabores.

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Échale un piropo, algo como “¡Qué sedoso vello púbico!” nunca falla, aysí. A veces es de gran ayuda que tenga algo con qué taparse la cara para que deje de pensar en cosas como: “¿Estaré poniendo cara de mandril? A ver, voy a poner cara de que lo está haciendo cabrón”, etcétera. Si tu chica logra concentrarse al 100% en sentir, ya estás a la mitad del camino.

No repitas el mismo movimiento mucho tiempo

Entrada —o entrado— en calor, una vez que la lengua aterrizó en la bolita del amor, no repitas el mismo movimiento mucho tiempo. El cambio de ritmo y la presión son fundamentales para que la mamirriqui grite tu nombre y despierte a los vecinos. Ve paulatinamente de lo lento a lo rápido, regresa a lo lento, sorprende con lo rápido. Hazlo suave, luego duro y luego suave (no tan duro, no es Rocaleta). Usa la lengua, los labios y la barbilla. Y gradúate metiendo despacito pero sin previo aviso uno o dos dedos, según la talla uterina en cuestión, sin dejar de lamer, claro está.

Recuerda siempre que cada galletita es un vulvuniverso, preste atención a la respiración, a los sonidos y a los movimientos de tu +1. Conecta con estos tres elementos y lo demás será pan-ocha comida.

Oigan, pero eso no lo digo yo, eh…

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